En Kibera convierten la basura en cenas

Hay pocas cosas que me enfurezcan más que ver camiones llenos de carbón dirigiéndose hacia escuelas, hospitales u otros organismos keniatas. Estos lugares causan estragos en nuestro medio ambiente porque necesitan energía para cocinar, pero nunca echarán mano de otras opciones más limpias (pero más caras) como el gas butano. Otra cosa que también me irrita son los desechos plásticos que invaden el país, es vergonzoso, antihigiénico y un desastre medioambiental frente al cual no sólo pasamos cada día, sino que contribuimos a él con nuestros negligentes hábitos consumistas (¿cuántas veces tiene que ser empaquetado un pedazo de mantequilla en Nakumatt?).

Así que cuando hace dos años uno de los arquitectos más jóvenes de Kenia, Mumu Musuvo, y su jefe Jim Archer, me hablaron de la cocina de la comunidad de Kibera, sentí un gran interés. Buscaban inversión económica de mi empresa. Estudié el diseño y las implicaciones medioambientales, vi el potencial, pero mi empresa no participó. Rechazamos a su empresa, Planning Systems, pero he estado supervisando secretamente el proyecto, que fue adoptado por el PNUMA [Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, UNEP en sus siglas en inglés] y lanzado a principios de este año.

Esta entrada está dirigida a Planning Systems para felicitarles por haber sido calurosamente elogiados en la categoría Energía, Residuos y Reciclaje por el jurado del Festival Mundial de Arquitectura en Barcelona, España [Cativa: me parece imposible que no haya una página oficial en español, pero no he podido encontrar nada], del que la CNN ofreció un reportaje. La cocina comunitaria convierte la basura en combustible para alimentar a los habitantes de Kibera, uno de los mayores barrios de chabolas de África.

Convirtiendo la basura en energía

Convirtiendo la basura en energía

Los desperdicios son transportados a la cocina por voluntarios que los introducen a paladas en uno de los extremos de este horno gigante de hormigón. En el otro extremo se encuentran los hornillos donde la gente cocina y hierve agua.

“Quizás huele un poco, pero no altera en absoluto el sabor de nuestra comida”, dice Virginia Wamaitha mientras añade azúcar a su humeante taza de chai, ese té ligeramente especiado que adoran los keniatas. “Sabe como debería saber el chai”.

¿Alguien quiere una taza?

¿Alguien quiere una taza?

La recogida de basura para el horno está patrocinada por el PNUMA, como una forma de limpiar las barriadas de chabolas de Kenia al tiempo que se reduce la dependencia de la madera y el carbón para proteger los bosques. La cocina comunitaria quema basura y genera calor para esterilizar agua y poner en funcionamiento hornos que usan tanto diferentes grupos de la comunidad como personas individuales. El concepto original era que un kikapu (una cesta) de basura equivaldría a una hora cocinando en la cocina.

¿Qué tipo de basura? De todo tipo, plásticos, desechos alimenticios, incluso ropa, ¡cualquier cosa que arda! ¿Os preguntáis si se producen humos tóxicos? Esto es lo que hace que este proyecto sea inteligente. Empleando una tecnología que se escapa a mi comprensión, el horno arde a temperaturas superiores a los 930 ºF [500 ºC], con lo que se neutralizan muchos contaminantes peligrosos.

“Hay una plancha de acero sobrecalentada en el interior de la caja incineradora, para evaporar gotas de agua. El oxígeno liberado ayuda a que ardan unos cárteres de aceite de automóvil viejos -en sí mismos son contaminantes en las chabolas-, haciendo que la temperatura aumente.”

El proceso es lo suficientemente sencillo como para que pueda ser controlado por voluntarios locales adecuadamente entrenados.

Según el PNUMA, este horno es el primero de su clase y cuesta 10.000 dólares [casi 7.000 €].

Personalmente pienso que es una idea brillante, una gran solución a la que destinar la basura de la barriada, así como para el tratamiento de agua y la higiene (de esta forma se puede disponer de agua caliente para las duchas, limpiar baños y cocinar), es más seguro (desde luego no más inestable que los jiko, con sus ollas de agua hirviendo que los niños tiran por el suelo), y además puede ser usado para fines comerciales: hay grupos de mujeres que están usando la cocina para elaborar productos horneados, como tartas “queen cake” (ya sabéis cuáles: “coque y keki”).

Imaginad que esto pudiera repetirse en barriadas de todo el mundo, en campamentos de refugiados como Kakuma o Dadaab, y en hospitales, prisiones y escuelas.

Ayudadnos a difundir esta importante historia. Podéis leer más alabanzas a este proyecto aquí y Rob Crilly en CS monitor ha escrito un detallado artículo aquí; también en la página web de Desarrollo Sostenible Internacional y en Sustainable Footprint (Huella Sostenible).

[En El Informador de México encontramos un buen artículo en español].

Publicado por Paula Kahumbu en
http://www.afrigadget.com/2008/11/17/turning-rubbish-into-dinners-in-kibera/

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