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Juguetes en la barriada de chabolas de Mathare Valley

Entre la miseria de una de las barriadas de chabolas más deprimentes de Kenia, encontramos una sorprendente cantidad de diversión y colores llamativos.

¡Njuguna fabrica estos juguetes porque le encanta! Sus clientes son habitantes de la barriada, pero también los vende bien fuera de ese mercado.

Me cautivó especialmente esta motocicleta de chatarra, pero costaba 2.500 Ksh [24 €], que bien pudiera ser un precio especial para visitantes como yo… ¡pero no podía permitírmela!

Un kart hecho con chatarra. ¡Los niños estaban en las nubes!

Njuguna también fabrica preciosos micro-juguetes para un mercado especializado. Los había vendido, pero tenía fotos.

Lo habéis adivinado: ¡el cliente es Safaricom!

Entre todos los juguetes, había unos artefactos que Njuguna había construido sin razón aparente: un par de molinos autónomos que giraban rápidamente en unas calles estrechas que canalizan el viento. Se alzan como monumentos artísticos, pero Njuguna me contó que los construyó con piezas de coche inservibles y estaba esperando a tener una idea sobre en qué emplearlos. Lo llamó su experimento de investigación… en algún otro lugar se alza otro de sus inventos, una bomba de agua… (¿debería haber sugerido algo?).

Niños jugando junto a una alcantarilla abierta

Visitar Kibera fue perturbador en muchos sentidos.

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… y al mismo tiempo también fue profundamente estimulante e inspirador… una agradable sorpresa. Si alguna vez tenéis oportunidad, visitadlo y localizad el refugio de Njuguna en las estrechas callejuelas. Puede que estos brillantes innovadores y artistas vivan en lo que parece el peor infierno en la tierra, pero de alguna manera se tiene la sensación de que lo han elegido así.

Publicado por Paula Kahumbu en
http://www.afrigadget.com/2010/04/19/boys-toys-in-mathare-valley-slum-nairobi/

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Fútbol: artesanía en Sudáfrica

Por la reportera local Thandile Ntlebi – Una de los aprendices del Centro de Ciencia y Tecnología [COSAT por sus siglas en inglés, Center of Science and Technology], de 17 años, que vive en Township Khayelitsha, Sudáfrica. Lee más historias de Thandile en Students for Humanity

Los niños están empezando a prestar atención a sus sueños y hacen lo que está en su mano para asegurarse de que esos sueños se hacen realidad, aunque tengan que ensuciarse para ello.

Un sábado a las 11 de la mañana, el pueblo está muy tranquilo y el silencio hace que los padres se pregunten qué traman sus hijos. Antes de unas horas oyes silbidos y gente que llama. Tu hijo ve la televisión hasta que alguien grita su nombre; entonces da un salto y corre tan veloz como un guepardo.

Sobre las 13 h. el campo está lleno de gente, como si fuera a celebrarse una pelea o una reunión comunitaria. Cuando miras mejor, sólo ves a chicos haciendo un sorteo para dividirse en dos equipos. Tras discutir quién debería jugar y en qué posición, se calman. Los equipos se van a su lado del campo para planificar la estrategia con la que van a ganar el partido. El número mínimo de jugadores es cuatro; el máximo es once en cada equipo.

El árbitro pita y comienza el juego. Los fans vitorean a sus jugadores para darles ánimos. Les hacen sentir orgullosos y confiados. Lo más increíble es el balón y el campo en el que juegan. Estos chicos no tienen entrenador ni nadie que les diga lo que hacer. No tienen dinero para comprarse un balón de fútbol… lo fabrican ellos mismos.

Cómo se hace el balón:

Primero hay que buscar ropas o sábanas viejas. Se inflan con la boca unos cuantos preservativos, pero no demasiado hinchados. Sólo hasta que alcancen el tamaño de un balón de fútbol. El preservativo hinchado se introduce dentro de una bolsa de plástico o de una pieza de ropa vieja. Entonces, para hacerlo más resistente, se rompe una pieza de ropa o una sábana vieja en largas tiras y se atan estas tiras alrededor del preservativo para reforzar la forma del balón y hacerlo más pesado. Cuando se comprueba que bota bien, se envuelve el balón con una bolsas de plástico fuerte. Por último, se asegura envolviéndolo con un cordel o un cable de caucho resistente.

Quizá sea sorprendente, pero aún hay que hablar del campo. No es un patio de recreo ni un parque, sino un campo lleno de sumideros cuya mitad consiste en hierba alta, una especie de pantano y una zona de vertedero. Y como todos sabemos, cuando juegas al fútbol necesitas porterías. Estos chicos no tienen porterías, pero buscan madera o cartones y hacen postes con ello.

Al terminar, algunos se van a casa sonriendo y cantando canciones de triunfo, y otros regresan en cierto modo tristes, pero planeando ya cómo vencer a los rivales al día siguiente.

Estos chicos son jóvenes y desconocen el sufrimiento y lo que les deparará el futuro. Pero todo lo que saben es que quieren ser famosos jugadores de fútbol y ser admirados por el mundo. Vienen de entornos de pobreza y no eligieron estar ahí, pero pueden intentar cambiar su situación para hacer su futuro tan brillante como pueda ser.

Puedes pensar que estoy loca, pero oye, ellos son los que construyen cosas de la nada y echan mano de la creatividad si no tienen suficiente dinero para comprar lo que necesitan. Son los que se ensucian para convertirse en jugadores de fútbol. Son genios, ¿no crees?

Los méritos de la foto del balón corresponden a nuestro amigo Michiel Van Balen

http://www.flickr.com/photos/studentsforhumanity/3536595138/

Publicado por Thandile en
http://www.afrigadget.com/2009/06/15/football-handmade-in-south-africa/